Quiero compartir con nuestra amada comunidad de Saint Dunstans una reflexion muy importante sobre la vida de una pareja (Ramon y Marta) donde el hombre dejaba para después los gestos de amor que tenia que compartir con su esposa en el momento presente y oportuno cuando se necesitaba. Y todo eso es por dedicarnos mas a trabajar y trabajar para dejar mejor a nuestros hijos en el future. Comencemos:
Don Ramon siempre decía lo mismo: “no puedo faltar al trabajo”, y eso lo repitió casi toda su vida. Salía antes que amaneciera y regresaba cuando la casa estaba casi en total silencio. El aceptaba horas extras y más sacrificios, creyendo que así construía un mejor futuro para su familia. Su esposa Marta muchas veces le pidió una caminata, para conversar juntos de sus problemas familiars, una cena juntos para estar tranquilos o un dia junto al rio para disfrutar. Y Ramon siempre decía: “más adelante cuando terminemos de pagar nuestra casa”. Ese dia nunca llegó para ella.
Marta envejeció esperando ese momento de compartir con su esposo juntos que siempre quedaba para después. Ramon no era un mal esposo, era muy responsable con sus hijos y su esposa. “El pensaba que amar era trabajar sin descansar, soñaba con dejar una casa grande, buenos vehículos y dinero suficiente para sus hijos. Mientras cenaba solo, se ponia a pensar y repetia desde muy Adentro de su corazón: “algún día entenderán todo lo que hice por ellos”.
A los sesenta y siete años finalmente pagó la última deuda, miró su enorme casa, los muebles elegantes y el patio perfectamente cuidado. Pero ya no escuchaba risas, ni conversaciones y ni pasos corriendo dentro del hogar. Sus hijos ya tenían sus propias vidas y tenian sus propios hogares lejos de la casa de don Ramon y Marta y a penas lo visitaban. Una noche sentado en su sillón favorito en su sala de la casa le dió un infarto y cerró los ojos para siempre. Se fue creyendo que había cumplido fielmente su mision. Dias después del entierro sus hijos llegaron junto a un agente de ventas. El mayor miró la sala y dijo: “todo esto ya está pasado de moda”. La hija respondió: vendamos todo esto rápido. Y el hijo menor decía “yo solo quiero mi parte de la herencia” . Pusieron el letrero de venta frente a la casa, vendieron los vehículos (eran cinco), regalaron los muebles y votaron cajas llenas de recuerdos que para don Ramon eran tesoros. Así toda una vida de esfuerzos terminó convertida en dinero repartido.
Don Ramon sacrificó y pospuso abrazos, viajes y tardes con su familia, especialmente su esposa en cosas que otros vendieron sin sentir tristeza. La leccion es muy sencilla: trabajar es importante; pero vivir y disfrutar lo que uno ha trabajado también lo es. No dejes el amor para después, porque las casas se venden, el dinero se acaba y las cosas se olvidan. Lo único que realmente permanece es el amor que compartiste con los demás mientras estabas vivo.
Padre Naty+




